sábado, 10 de septiembre de 2011

Fábula: La cigarra y la hormiga


En un hermoso día de verano, la cigarra cantaba a voz en cuello en lo alto de un árbol, y mientras tanto, observaba los movimientos de algunas hormigas que iban y venían sin descanso por el terreno accidentado del bosque, acarreando provisiones para amontonarlas en sus almacenes subterráneos.
-¡Qué tontas-pensaba la cigarra.
-¿Por qué han de trabajar tanto, en vez de estar descansadas como yo, gozando de este sol maravilloso?
Llegó el otoño y después el invierno con sus días fríos, la lluvia, la nieve y el viento.
La pobre cigarra ya no encontraba nada que comer, y triste, con frío y hambrienta, pidió a las hormigas que le dieran algún grano.
-¿Qué hacías este verano mientras nosotras trabajábamos reuniendo provisiones para la estación mala?-le preguntó una hormiga.
-Cantaba...-contestó la cigarra, avergonzada.
-¡Ah, cantabas! Pues bien, baila ahora.

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