viernes, 2 de febrero de 2018

El baldío Olga Bertinat de Portillo


Fotografía Olga Bertinat
El baldío es un lugar  triste. En el cuento de Augusto Roa Bastos  es un terreno de vida y de muerte.
En lo cotidiano un baldío puede ser un lugar asustador y peligroso, pues de un modo general los asaltantes pueden aprovechar ese espacio para esconderse entre los matorrales salir de sopetón apuntándole un revólver o un cuchillo a cualquier transeúnte, y robarle su celular o su dinero. Los violadores también buscan los baldíos para realizar sus fechorías.
Cerca de mi casa hay varios, la mayoría son utilizados por los vecinos como vertederos. Es una falta de civismo  utilizar una propiedad ajena para depositar cúmulos de basura que debían ser recolectados por el camión municipal, sin embargo esto sucede siempre y nadie paga multas por ello. Los vecinos alegan que “no tienen” para  pagar 30.000 guaraníes mensuales por recolección, pero para las cervezas de fin de semana siempre hay.
Y allí se encuentra de todo: cubiertas viejas, escombros, bolsas que despiden olor nauseabundo, ramas de árboles de poda, mucho plástico y los infaltables pañales desechables.
Pero eso no es todo. El baldío es el lugar preferido para tirar animales recién nacidos como perros y gatos, para que se mueran al sol, a la lluvia o que alguien piadoso los recoja.
Fotografía Olga Bertinat
 Varias veces escuché maullidos y quejidos provenientes del baldío. Al acercarme estaban allí los pobres animales moribundos con los ojos carcomidos por las hormigas, ciegos antes de ver; lamentándose con  chillidos suplicantes, con un llanto no humano pero incuestionable como un sollozo y una pregunta: - ¿Por qué me hacen esto?
En un país donde ni la vida humana  es respetada es complicado pedir por la vida de  los animales. Algunos padres ni siquiera pagan la pensión alimenticia de sus hijos… ¿qué actitud tomarían frente a un animal?
Es al ver esas cualidades egoístas cuando se percibe la falta total  de responsabilidad. Si nos referimos a la actitud de los padres para con los hijos, el padre se lava las manos, no paga la pensión y es la mujer la que realiza un esfuerzo sobrehumano para cumplir con los gastos que devienen  de un niño (supuestamente el que no paga pensión alimenticia va a la cárcel, pero la justicia en este país no siempre realiza su trabajo).
Con los animales sucede lo mismo, la responsabilidad por un animal se quiere trasladar a otra persona y que  esa otra persona se haga cargo, que lo recoja, que lo alimente y que lo adopte. Les resulta más fácil tirar las crías a la basura que asumir la responsabilidad  que sobreviene cuando se tiene un animal en la casa.
Varias veces encontré papás o mamás que querían regalarles un perro o un gato a sus hijos. Al preguntar: -¿Qué edad tiene el niño?
Para mi asombro, la respuesta: -Dos años.
Entonces consiguen un cachorro para  el  nene y con el paso del tiempo se dan cuenta que el animal come mucho, que ensucia la pared y que  hace caca en el patio. Es en ese momento cuando descubren que llegó la hora de tirarlo, de abandonarlo en algún lugar pues ya es una molestia, un estorbo. El niño, al presente con tres años, no entiende lo que pasa porque a esa edad lo que necesitaba era un peluche y no un animal de verdad.
Y el baldío vuelve a servir de lugar de abandono… Y es comparable a un cementerio de cuerpos vivos. Allí no hay cajones ni coronas de flores pero es un lugar triste y lúgubre, un pequeño infierno en el medio de la ciudad.
                                                                                                      Olga Bertinat de Portillo

 


Fotografía Olga Bertinat



viernes, 17 de noviembre de 2017

Recreo: Hora de merendar *

Una vez visité una escuela para hablar con la directora y unos minutos después de llegar sonó la campanilla del recreo.
De repente en un alboroto generalizado, algunos niños corrieron hacia la cantina y otros formaron fila  frente a una señora robusta que tenía sobre una silla una olla con sopa, (después supe que era una sopa que venía en forma de polvo y que allí se preparaba de una manera casi instantánea, agregándole agua caliente).
Los niños le acercaban el plato y ella les colocaba un cucharón bien colmado y  salían de la fila.
Me llamó la atención, una niña muy humilde que estaba esperando turno, pero como  no había traído plato (para que les dieran la sopa tenían que traer el plato y la cuchara de la casa), esperaba ansiosa la sopa con una palangana pequeña que había conseguido en la escuela.
En un momento dado, aquellos niños estaban esparcidos por el patio sentados en el suelo en cualquier lugar, como animalitos huérfanos comiendo la sopa que quizás sería la única comida del día.
Siempre recuerdo a la niña de la palangana porque su imagen triste se vuelve grotesca, recuerdo su pelo duro y ralo, su palidez espectral y la avidez con que tomaba la sopa.
Me pareció grotesca también  la manera como se sentaron en el suelo, sin una mesa, sin mantel ni  sillas; sorbiendo el líquido caliente con hambre y sin ninguna pizca de urbanidad.
Quedé largo rato observando a los niños, que luego de acabar la sopa  se levantaron del piso y se dirigieron corriendo  a una pileta ubicada  en el medio del patio, para   enjuagar los platos y las cucharas.
Ya en mi casa, mientras dormía  soñé con la escuela…pero era una  escuela más humana. Vi una mesa larga con un mantel floreado y los  platos hondos colocados en fila, bien limpios y al costado de cada uno las cucharas relucientes con  mangos anaranjados daban el toque alegre a la mesa que en el centro tenía dos paneras colmadas de galletas blandas:  adornaban  la mesa como si fueran  pelotas amarillas con aroma de pan.
También vi a los niños de caras sonrientes  haciendo fila para lavarse las manos. Pasaban de a uno a sentarse en la mesa floreada.
La señora robusta de la realidad, en el sueño vestía  una chaqueta blanca y un delantal floreado como el mantel. Servía sonriente la sopa y cuando acabó, los niños comenzaron a sorber el líquido sabroso con ansias y alegría, sentados en bancos largos, unos  frente a otros como gente, no como animalitos.
Al acabar de comer cada uno llevó los platos a una pileta grande y enseguida pasaron a las aulas en silencio.
La señora robusta lavó los platos, los secó y los guardó en una fiambrera  color verde musgo cubierta con alambres finitos para que no entren las moscas. Allí también guardó las cucharas y la olla. No había lujo en el comedor de mi sueño, sólo orden, limpieza, galletas y sopa.
La niña de la palangana tenía el pelo limpio, la tez rosada y sonreía con la inocencia de una niña pequeña. Y me sentí feliz hasta que el despertador me anunció que eran las seis y que todo no pasaba de un sueño.
Siempre es bueno soñar, pues en el ámbito de lo onírico pueden  realizarse las fantasías más descabelladas o  las  más simples…como servir decentemente a los niños de las escuelas una merienda escolar  sana en un entorno ordenado, limpio y feliz.

                                                                                              
*Publicado en el Diario La Nación


sábado, 4 de noviembre de 2017

“Estamos en Paraguay”*


Los titulares nos asombran con la noticia de que ha habido un brote de brucelosis en un hato  de cabras  y   varias personas han contraído esta grave enfermedad.
Podría esperarse un desenlace de esta índole en algún lugar remoto del país, donde las normas de bioseguridad no se aplican  por falta de conocimiento; pero es absurdo e indignante  que el contagio  haya ocurrido justamente en la Facultad de Ciencias  Veterinarias de la Universidad Nacional de Asunción.
Las cabras proveen una leche rica en nutrientes y generalmente es consumida por personas enfermas, que buscan en este alimento una mejoría para sus dolencias; por ello es utilizada en la alimentación  de niños alérgicos  o personas con úlceras digestivas. Las personas que realizan tratamientos de quimioterapia la utilizan  para disminuir las reacciones secundarias que éstas producen como lo son la caída del pelo y los vómitos.
 La leche de cabra vendida en la Facultad de Ciencias Veterinarias no estaba en condiciones de ser vendida y  pudo haber causado en las personas que la bebieron, en vez de un alivio a sus padecimientos, una grave enfermedad que arrastrarán de por vida.
 Según las informaciones publicadas en los medios, los directivos de esta casa de estudios tenían conocimiento del brote de la enfermedad y no tomaron las medidas correspondientes a tiempo y siguieron vendiendo la leche de las cabras infectadas.
No sé si es el momento de buscar culpables o si es  momento de reflexionar y hacer un análisis de este tipo de  situaciones desastrosas que ocurren en diferentes ámbitos y dependencias del país.
Somos el país del día después, siempre se espera  que suceda lo peor para tomar medidas.  Esperamos que ocurran los hechos en vez de prevenirlos y no lamentarnos  más tarde.
En Ciudad del Este por ejemplo, en la Avenida Los Lapachos, hay un árbol corpulento en la vereda, pero está seco, en cualquier momento puede caer, sin embargo los responsables de cortarlo esperan y postergan la acción  quizás esperando que caiga sobre algún vehículo y que mate a alguien.
Cuando pienso en tantos hechos que podrían haberse evitado, recuerdo la novela de Gabriel García Márquez “Crónica de una muerte anunciada” donde se advertía sobre la muerte del  joven Santiago Nasar (sin él saberlo). El pueblo entero  tenía conocimiento que lo matarían sin embargo  nadie impidió su muerte.
Aquí en Paraguay somos poseedores de varias “muertes anunciadas”; lo de las cabras y la brucelosis es apenas una muestra de nuestra idiosincrasia de actuar al día siguiente y para muestra basta un botón.
Algunos como chiste comentan: “Estamos en Paraguay”,  como queriendo reforzar la idea de que aquí no hay otra opción; debe estar mal porque estamos en Paraguay.
Nos acostumbramos al vai vai,  a lo mal hecho, al mal proceder;   sin la responsabilidad de hacer o actuar bien, quizás porque sea más fácil, por desidia o por ignorancia,  pues ese actuar mal se transforma en hábito y se esparce en todas las áreas de nuestro cotidiano.
Tenemos chapuceros en medicina, en albañilería, en abogacía, en ministerios, en facultades, en la dirigencia del país…y la lista sigue y es abultada.
Ojalá  podamos salir de este círculo perverso  de chapucería para evitar que casos como el de la brucelosis estremezcan a la ciudadanía; y que esta historia se recuerde  como  una de  las  historias más absurdas  del Paraguay del siglo XXI.
                                                                                                
*Publicado en el Diario La Nación el viernes 3 de noviembre de 2017 






lunes, 30 de octubre de 2017

Pilas por lápices

Cuando supe sobre  la contaminación que causan  las pilas y las acciones que se toman  en otros países para evitarla; dejé de tirarlas a la basura y comencé a juntarlas y guardarlas en frascos de vidrio.
Las pilas  fueron  llenando  los frascos rápidamente,  pues en aquel entonces mis hijos eran pequeños y  tenían varios juguetes a pila, también teníamos control remoto de TV, control de DVD,  relojes, calculadoras; en fin, una serie de artefactos que las utilizaban. Éstas eran  de diferentes medidas, modelos, contenidos y colores: cilíndricas finas y gruesas, redonditas chatas (llamadas botón), cuadradas, alcalinas, comunes, verdes, amarillas,…para todos los gustos.  Los frascos  fueron tapados y  guardados  en la pieza de los cachivaches, esperando saber de  algún lugar dónde pudieran recibirlas para reciclarlas; pero esto no sucedió pues  por aquí no existían  empresas que reciclaran.
El tiempo pasó  y los frascos  guardados   quedaron en el olvido hasta el día en que realizamos una limpieza general de la pieza y  los encontré en el  estante. Para mi asombro  vi que dentro  de ellos había un líquido negro que llenaba una cuarta parte del envase.
Este hecho me motivó a  difundir  entre los niños y jóvenes  de una escuela cercana a mi domicilio sobre  la contaminación que pueden causar las pilas y cómo es importante no tirarlas a la basura para no contaminar las capas subterráneas de agua.  Ese líquido negro era asustador y ofrecía la oportunidad para concienciar a los alumnos sobre el tema.
Como tengo una amiga que es profesora y enseña en esa escuela, le comenté  sobre  las pilas y los daños que pueden causar al medio ambiente,  y también  sobre la necesidad de hablarles a los estudiantes  sobre la cuestión.  Después de unas semanas ella me invitó a la escuela para charlar con los alumnos sobre las pilas.
Me presenté  a los diferentes grados cargando  los frascos de pilas con el jugo negro, para mostrarles a los alumnos cómo esas pilas expedían un contenido  tóxico y que no  podían ser tiradas a la basura y mucho menos  a los arroyos o a los pozos de agua. También les dije  que los niños pequeños no debían metérselas a la boca.
Los alumnos  miraban curiosos el frasco de pilas con el líquido venenoso y fui explicándoles  sobre  contaminación y   sobre la naturaleza  hasta que mi charla culminó. Percibí que los alumnos mayorcitos entendieron el tema  y me sentí satisfecha, así como cuando se hace algo útil.
Pasaron algunos días y la profesora  me comentó  que  juntaría  pilas con sus alumnos si yo estaba dispuesta a regalar lápices a cambio. Me pareció interesante la idea como para incentivar  a los chicos, por cada 5 pilas 1 lápiz. ¡Excelente!  Compré un tambor grande de plástico, le colocamos cal en el fondo y lo llevamos a la escuela. Allí los alumnos comenzaron  a cargar las pilas. En pocos días se acabaron 5 cajas de lápices y el tambor se iba llenando.
 El tiempo pasó  y ese incentivo inicial se convirtió en costumbre. Sin lápices, no había pilas.
Y fue para mí como un baldazo de agua fría. Mi charla  no dio los frutos esperados pues   hay acciones que no deberían necesitar recompensa para ponerlas en práctica porque son  para el bien común.
Y dejé de comprar lápices y no se juntaron más pilas.

Seguro que ahora  estarán desparramando su líquido negro en algún basural y contaminando arroyos  o  envenenando nacientes, hasta que quizás en el futuro no se precisen lápices para hacer lo que se debe hacer.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Libros descartables* por Olga Bertinat de Portillo


Leí en los diarios que los estudiantes de la Media se movilizaron  reclamando al Ministerio de Educación una entrega anual y gratuita de libros: "Queremos todos los libros, todos los años, todos en febrero" según palabras de una de las voceras de la organización UNEPY (Unión Nacional de Centros de Estudiantes del Paraguay).  
Me parece excelente que los alumnos  exijan  libros para poder estudiar y prepararse  mejor, y es fundamental que éstos lleguen a la institución antes del inicio de las clases;  pero lo que  no considero necesario es  que estos libros deban ser regalados  cada año a cada alumno: sólo deben ser prestados. Sí, debe hacerse un préstamo anual al alumno con devolución y por lo menos estos libros deben reutilizarse durante 5 años.
Me tocó cursar  parte de mi secundaria en Uruguay y el primer día de clases  se le entregaba a cada alumno  un paquete con los libros correspondientes a su curso con el compromiso de devolverlos a fin de año.
Aquello tenía sus reglas: había que forrarlos para su mejor conservación;  no se los debía rayar,  tampoco escribirlos o arrancarle  hojas  y teníamos  que cuidarlos como si fueran nuestros para  que los alumnos del año siguiente pudieran seguir usándolos.
En aquel entonces los libros eran libros: se utilizaban para leer y para  poder realizar las tareas en casa; no eran como los libros que se usan ahora, del  tipo cuaderno, en donde hay contenidos y  preguntas y   allí mismo se deben escribir las respuestas  (práctica que considero perjudicial ya que con este sistema  los alumnos escriben cada vez menos).
Con la experiencia del  préstamo se pueden inculcar  valores significativos como el cuidado de lo ajeno: “tengo que cuidar  como si fuera mío”  y  es un ejercicio de responsabilidad pues crea en el joven el compromiso  de tener durante un año, un objeto  que debe devolver en las mismas condiciones  que lo recibió.
La vida útil de las cosas es relativa, vivimos en la era de lo descartable, lo desechable: USAR Y TIRAR. Es interesante decir: “esto es descartable”  si hablamos de un pañal o de un pañuelo, pero no cuando nos referimos a un libro.
El libro impreso debe ser útil  por más de un año, por varias generaciones; no puede morir tan de prisa  en la batalla del aprendizaje estudiantil.
Hay circunstancias en que los libros sobreviven  más de un año pero no por eso su destino cambia y no siempre se los tiene  en una biblioteca o en un estante de la casa. Me tocó ver en varias oportunidades cómo los libros eran utilizados  para prender el fuego; las hojas arrancadas, estrujadas y  colocadas debajo de la leña se convirtieron  en cenizas en pocos segundos.
También recuerdo  cómo  un libro de geografía era deshojado y los mapas de colores  eran colocados  dentro de las botas de goma para el barro, quizás para evitar la entrada de humedad y para que los pies se mantuvieran secos. En ambos casos los libros fueron desechados como se desecha  un simple  papel viejo.
Ojalá que los estudiantes que se movilizaron  puedan conseguir los libros que reclaman y que realmente los utilicen para educarse, que no sean  simples adornos  dentro de sus mochilas;  y que los devuelvan cada año así como los recibieron de la institución educativa a la que acuden.
Como docente percibo que muchos estudiantes exigen  calidad educativa pero cuando el profesor es exigente  también reclaman. Así como ellos exigen calidad educativa también se les debe exigir que sean coherentes.
 *Publicado en el diario La Nación, Paraguay                                                                                     



jueves, 3 de agosto de 2017

Autocrítica de "Tabaré" Juan Zorrilla de San Martín IV

Imagen tomada de Internet
                          IV
    Bien recuerdo las influencias que obraban en mi espíritu cuando escribía mi agradecido poema. Nada me ha causado mayor alegría que el verlas descubiertas por la crítica magnánima: es esa una satisfacción parecida a la que uno experimenta cuando oye decir que se parece a su padre. Es grato, dígase lo que se quiera, ser hijo de algo, de padre conocido, de vieja y notoria estirpe. Maurice Barrés, que es a quien debe TABARÉ el mayor elogio recibido, vió en él la estirpe de Dante, l'allure du Dante, dice; Juan Valera fué quien advirtió muy bien la influencia del barón Munch-Belinghansen, el poeta austriaco que escribía con el pseudónimo de Federico Halm; otros han creído descubrir otros parentescos. Y para que mi pequeña obra no carezca de lo que tienen las grandes, no le ha faltado un buen crítico denigrante, que se ha dado un trabajo penoso, digno de Avellaneda, el matador literario del manco Cervantes, para demostrar que todas esas influencias no son otras cosas que plagios de tomo y lomo.
    Dice Plutarco: "Se debe ir a buscar la luz al hogar ajeno; pero no demorarse mucho en él, sino encender lo más pronto posible la propia antorcha".
    Todo es asunto de ver si yo me he demorado más de lo regular en las casas ajenas, cuyas puertas están abiertas de par en par para todo el mundo.
    No son difíciles de percibir, por cierto, las luces que me alumbraban al escribir TABARÉ; las de Dante se distinguen, claras como un día de sol; las reminiscencias de Shakespeare parecen escritas en mis versos con tinta roja o azul; bien fáciles de tocar con la mano son las influencias de Homero y Esquilo, que yo deletreaba con pasión, o adivinaba en traducciones deplorables; nada digamos las de los clásicos castellanos, las de Cervantes sobre todo, que yo me sabía de memoria. ¿Y quién, que tenga ojos, deja de ver, como las vió Valera, no sólo las de mi Gustavo Adolfo Bécquer, geniecillo amable y querido, despertador de mi adolescencia poética, sino también las fortísimas de Goethe y Schiller y Ossian, que hacían resonar mi recién nacido corazón, como un escudo, con los golpes de sus verbos inauditos, y comenzaban a estirpar, en mi vocabulario, los adjetivos afónicos de la retórica? ¡Vaya usted a saber las flores de que la abeja forma, en su laboratorio, la miel de su vida!
    Entre esas voces que me llamaron, hay una, la de Dante, que es la que ahora me viene a cuento, porque nos aclara el concepto que dejé pendiente sobre quién ha de hablar en el libreto. Me encuentro con un canto de TABARÉ, el primero del último libro, que está sugerido, todo él, por algunos tercetos de la DIVINA COMEDIA: por aquellos tan conocidos del canto XIII del Infierno, en que el poeta, conducido por Virgilio, se encuentra con los condenados por suicidas. Están allí convertidos en árboles nudosos, de ramas y troncos epilépticos, en los que se posan las repugnantes arpías, de mirada humana. Se oyen voces y quejidos; pero no se ve a nadie. El Grande italiano, a indicación del latino, su maestro y guía, rompe una rama del que cree árbol insensible, y sale sangre, y el árbol grita: ¿Por qué me lastimas? ¿No tienes instinto alguno de piedad?

                                                               ...Perche mi scerpi?
                                                  ¿Non hai tu spirto di pietate alcuno?

    

miércoles, 2 de agosto de 2017

Autocrítica de "Tabaré" Juan Zorrilla de San Martín III

Imagen tomada de Internet
                                     III
La fábula de mi poema, como como concebida que fue a los veinte años, es infantil; tan infantil como su versificación, llena de candores e ingenuidades, que hoy no escribiría, por cierto, pero que me parecen en extremo amables y dignas de indulgencia, como si lo fueran de un niño que vivió conmigo, y a quien yo quise con predilección.
    Los cinco personajes del quinteto clásico, el tenor, la soprano, etc., etc., se distinguen perfectamente, me parece, en aquella fábula. Se escucha también en ella los dúos de amor, que son de orden, según se ve, por ahora; los concertantes polífonos; los cantos guerreros o crepusculares; los coros de soldados y de salvajes, y lo demás. Pero, ¿qué se puede hacer con todo eso que no sea muy vulgar?
    Como pensara en ello, se me aparecieron, reclamando su puesto en el cuadro escénico, los otros personajes de TABARÉ: los productores de la interna melodía que precede a la idea concreta, verdaderos cantantes; la voz del río y de la llanura, que dice France; la idea que los artistas no tuvieron, pero que debemos atribuirles, si hemos de comprenderlos como es debido. Esos personajes, que no son de carne y hueso, figuran en el poema, sin embargo, y deben encontrarse en el libreto.
    Estarán en la ópera, se me dice; sonarán todos ellos; pero para eso está la orquesta, con sus riquezas de instrumentación, cuerda, metal, madera; hasta ruidos, si se quiere.
    Pues bien: he aquí el problema. Yo creo que nó; que no ha de ser en la orquesta, sino en la escena misma, donde esos personajes, el árbol, el grillo, el camalote, el lirio, la hoja seca, deben hablar. Conviene, y es preciso para explicar eso, que conozcamos algo de la generación o genealogía literaria de TABARÉ.(Continuará...)

jueves, 27 de julio de 2017

TRADICIONES PERUANAS Ricardo Palma

    Antes de seguir con los posteos sobre la Autocrítica de TABARÉ quería comentarles que conseguí una ganga en una librería: el libro de Ricardo Palma cuyo título es Tradiciones Peruanas.Es de la Editorial Difusión. La introducción y notas fueron  escritas por E.F. LARA la cual nos adentra un poco en el universo de este escritor que aún sin conocerlo a fondo, ha ganado mi admiración por ciertos pasajes interesantes encontrados en la introducción; los cuales transcribo a continuación:
(...) Con las Tradiciones, Palma abandona definitivamente la línea romántica; más aún, en lo sucesivo el romanticismo será frecuentemente blanco de sus sátiras. Una de ellas que sirve de prólogo, con el título de Carta tónico-biliosa a una amiga, a la segunda serie, dice en su comienzo:


    ¿Temes que exhale en sombrías 
      endechas el alma toda?
     ¡No! Ya pasaron de moda
     los trenos de Jeremías.


    Quede eso a los poetas
    sandios, entecos, noveles,
    que andan poniendo en carteles
    sus angustias más secretas.

    Y en la Cháchara, que precede a la tercera serie, insiste:

    ¿No es tontura quejarse porque mísero
    encuentre, en el amor y la amistad,
    escondida una almáciga de víboras?
    ¡Esas cosas son viejas como Adán!

    Precisamente los que vierten lágrimas
    en el papel, en mi concepto, son
    contrabandistas del pesar, ridículos
    histriones que remedan el dolor.


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Tapa del libro 

miércoles, 26 de julio de 2017

Autocrítica de "Tabaré" Juan Zorrilla de San Martín II

Imagen tomada de Internet
Autocrítica de "Tabaré" (1)                                         II
    Convengamos, pues, en que puede existir algo de eso en TABARÉ, si es que éste es un poema real. Pero no basta con eso, o mucho me equivoco, para que la elección de Bretón merezca ser alentada, sin estar un poco sobre aviso. Bien es verdad que mi compatriota Alfonso Broqua, que es un noble artista, ha oído esa intrínseca palpitación de vida musical americana en TABARÉ, y la ha inoculado en inspiradísima partitura que me encanta; pero el músico uruguayo ha hecho con mis versos lo que Schumann, pongo por caso, con los de Heine, su compatriota alemán: ha traducido en música los versos mismos.
    Y lo que Bretón va a hacer es otra cosa. La ópera, género a mi parecer menos intenso que el otro, por lo más extenso, no es sólo deleite difuso del oído; lo es al par concreto de los ojos y de la atención. No basta, para que haya ópera, que se oiga música; es preciso ofrecer espectáculo, color, personajes visibles, fábula interesante, acción dramática.
    ¿La hay suficiente en TABARÉ? Ese fué el problema que yo sometí a la consideración de Bretón al contestar su carta, y el que me propuse a mí mismo: el libreto, el cuadro y desarrollo escénicos de la ópera TABARÉ; no tanto los versos, por más que siempre hubiera querido que fueran los míos, ingenuos y todo, como son.
    Y eso fué lo que hizo que me encontrara en mi poema con personas sonoras, Tan nuevas para mí, que parecía que mis estrofas habían retoñado con el tiempo; me hallé con cosas puestas allí por otro que no era yo propiamente; que se habían puesto a sí mismas. Y recordé aquello de la predisposición musical, generadora de ideas, de que habla Schiller, y lo del crítico francés, que nos aconseja no temamos atribuir a los artistas un ideal que ellos mismos no tuvieron. Y también la frase de Platón: "Los poetas dicen cosas grandes y sabias que no entienden".

(1) Zorrilla de San Martín escribió este ensayo aparentemente para comentar el proyecto del ilustre compositor español Tomás Bretón de verter las estrofas del poema TABARÉ al lenguaje musical, propósito que realizó el autor de GARIN haciendo, en lo que al libreto se refiere, una adaptación personal de los versos del poeta. En realidad, lo que se propuso Zorrilla de San Martín al escribir este ensayo fué tomar pretexto del tema para realizar la autocrítica de su poema. La primera versión fué incorporada, con el título "El libreto de TABARÉ", como prólogo de la edición del poema hecha en Montevideo en 1918. Revisada y ajustada más tarde por el autor, la incluyó en la edición de sus obras completas hecha por el Banco de la República en 1930. La incorporamos ahora a esta edición conmemorativa del centenario del nacimiento del poeta, como prólogo único, prescindiendo así de juicios y opiniones ajenos, que se han repetido muchas veces, y en los que críticos europeos e hispanoamericanos han consagrado el valor épico de TABARÉ y su jerarquía excepcional en el cuadro de las letras castellanas. Es, sin duda, interesante conocer cuanto la crítica ha dicho del poema; pero, el juicio universal sigue abierto y no cesan de producirse nuevos aportes críticos. En cambio, la voz del autor, que ya se ha extinguido, no volverá a agregar nuevos conceptos a los expresados en este ensayo. Escuchemos, pues, como introducción a esta edición conmemorativa del centenario del nacimiento de Juan Zorrilla de San Martín, la voz del poeta, que revela su recóndito pensamiento sobre la obra que creó y que sigue viviendo con la prístina frescura de los días en que fué conocida por los lectores de 1888

lunes, 10 de julio de 2017

Autocrítica de "Tabaré" Juan Zorrilla de San Martín I

Tapa del libro Tabaré. Edición 1955 
 Tengo conmigo el libro "Tabaré" de Juan Zorrilla de San Martín, una edición conmemorativa del centenario de nacimiento del autor  dirigida por sus hijos, editada en Montevideo en 1955. Me parece interesante compartir en mi blog, la autocrítica que realizó el propio Zorrilla de San Martín de su obra. La misma se divide en VII (siete) partes que iré subiendo al blog diariamente.  

         Autocrítica de "Tabaré"(1)

                                   I
    CUANDO llegó a mis manos la carta de Tomás Bretón, el insigne músico español que escribió Garín y La Dolores, leía yo la página en que Anatole France nos dice lo siguiente: "No temamos demasiado prestar a los artistas de otros tiempos un ideal que ellos no tuvieron jamás. No es posible admirar, sin un poco de ilusión; y comprender una obra maestra es crearla en sí mismo de nuevo...Cada nueva generación de hombres busca una emoción nueva, ante las obras de los viejos creadores.
    El maestro Bretón me hacía saber por su carta, fechada en Buenos Aires, que, de muchos años atrás, abrigaba el propósito de escribir una ópera, interpretación musical de mi poema TABARÉ; el propósito se había convertido para él en obsesión; la música de su obra era "un perpetuo ensueño de su oído"; había venido a América, a la tierra de TABARÉ, con el objeto principal de ver si oía esa música en la naturaleza y en el espíritu popular. En resumen: me pedía autorización, y también concurso intelectual, para llevar a ejecución su pensamiento.
    Yo le contesté inmediatamente que sí, que era suyo todo el caudal de sonidos que pudiera hallarse en TABARÉ, y que yo, por mi parte, no dudaba de que, en esos versos debe de haber algo que suena armoniosamente, pese a los versos.
    Al manifestar esto último, recordaba yo que el mismo Anatole France, cuya página leía, me había dado el placer de oirle decir a mis compatriotas, en conferencias públicas: "Tenéis una epopeya nacional, que ha sido traducida en todas las lenguas: el poema TABARÉ que data, según creo, de veinte años atrás. Ha sido vertido al francés, y he podido entrever su invencible encanto. Juan Zorrilla de San Martín es hoy, para la América del Sud, lo que Longfelow para la del Norte: la voz, la grande voz del río y de la llanura. Su obra fue, según la bella expresión del mismo poeta, "amasada con el limo de vuestra tierra virgen y hermosa".
    Si hay en esta transcripción algún pecado de vanidad o vanagloria, como lo está diciendo, con razón acaso, el que esto lee, sírvame de atenuante, además de nuestra común flaqueza, lo muy a propósito con que hago la reproducción, como se verá. No es esto decir que tenga empacho, por otra parte, en confesar que no me siento con fuerzas para desdeñar el aplauso de mis semejantes; confieso que la esperanza de haber realizado algo bello se vigoriza en mí tanto más, cuantos más hombres dicen que han tenido sensación de belleza en lo que yo he hecho. Y esa esperanza no debe sernos vituperada a los que la tenemos como único estímulo, de tejas abajo; y mucho más si se considera que, ese anhelo de vivir en el alma de los demás hombres, es el mayor homenaje que al hombre tributamos.
    ¡La grande voz del río y de la llanura! También este Anatole France ha oído música, pues, voz de la naturaleza, más o menos lejana, en mi poema. Pues bien; yo declaro haberla percibido cuando lo escribí; también yo sentí, con mayor o menor intensidad o vaguedad, aquello que decía Schiller en su carta a Goethe, cuando le describía el proceso anímico de su inspiración: "Primero invade mi espíritu una especie de disposición musical; la idea concreta viene después".
    Esa disposición musical, o lejana armonía, no es otra cosa que el despertar, en la memoria, de las ideas pasadas o sensaciones dormidas. Estas se buscan mutuamente, como los insectos de élitros sonoros, para fecundarse; resuena en nuestro cerebro como una caja armónica fuertemente sacudida; nuestro corazón se paraliza un momento, como si recibiera un golpe, y reemprende en seguida, con mayor rapidez, su movimiento rítmico.
    Eso, es, sin duda, lo que se llama el advenimiento del Numen. Las Musas de los griegos eran hijas de la Memoria.
    Lo que viene después, la idea concreta de que habla Schiller, no es otra cosa que la intervención de la conciencia, que, en compañía de la razón, elige las imágenes salidas de las células cerebrales, las ordena, las ilumina, y las hace servir de transmisoras de emoción entre un alma y otra.
    Acaso es esa la diferencia fundamental entre la ciencia y el arte: en la primera no vibra o vibra poco el corazón; en la segunda éste domina; pero son un acorde. Varias facultades no son diversas almas; la verdad vibrante conmueve el corazón del sabio. Y dice Novalis que,siendo, como es, la poesía lo real absoluto, una cosa será tanto más real cuanto más poética. Ese es el núcleo de toda mi filosofía, dice.
    Hay música, pues, allí donde existe inspiración, incorporación del espíritu humano a la eterna armonía en que se confunden lo verdadero, lo bueno y lo bello.
    Conocidas son las preciosas páginas de Carlyle sobre Dante, en que habla de eso, de la sustancia musical de que está formado el pensamiento rítmico.
    "Si vuestra composición, dice, es auténticamente musical, no solamente en la palabra sino en el corazón y en la sustancia, en los pensamientos y articulaciones, en toda la concepción, entonces será poética; más nó de otra manera. ¡Música!¡Cuánto se encierra en esta palabra! Un pensamiento musical es el que ha penetrado hasta lo más íntimo del corazón de las cosas, y puesto al descubierto lo más recóndito de sus misterios..."
    "Todos los viejos poemas, el de Homero como todos los demás, son auténticamente cantos...Sólo cuando el corazón del hombre es transportado a las regiones de la melancolía, y el acento mismo de su voz llega a convertirse, por grandeza, profundidad y música del pensamiento, en notas musicales, sólo entonces podemos llamarle poeta". (Continuará...)
__________________________
(1) Zorrilla de San Martín escribió este ensayo aparentemente para comentar el proyecto del ilustre compositor español Tomás Bretón de verter las estrofas del poema TABARÉ al lenguaje musical, propósito que realizó el autor de GARIN haciendo, en lo que al libreto se refiere, una adaptación personal de los versos del poeta. En realidad, lo que se propuso Zorrilla de San Martín al escribir este ensayo fué tomar pretexto del tema para realizar la autocrítica de su poema. La primera versión fué incorporada, con el título "El libreto de TABARÉ", como prólogo de la edición del poema hecha en Montevideo en 1918. Revisada y ajustada más tarde por el autor, la incluyó en la edición de sus obras completas hecha por el Banco de la República en 1930. La incorporamos ahora a esta edición conmemorativa del centenario del nacimiento del poeta, como prólogo único, prescindiendo así de juicios y opiniones ajenos, que se han repetido muchas veces, y en los que críticos europeos e hispanoamericanos han consagrado el valor épico de TABARÉ y su jerarquía excepcional en el cuadro de las letras castellanas. Es, sin duda, interesante conocer cuanto la crítica ha dicho del poema; pero, el juicio universal sigue abierto y no cesan de producirse nuevos aportes críticos. En cambio, la voz del autor, que ya se ha extinguido, no volverá a agregar nuevos conceptos a los expresados en este ensayo. Escuchemos, pues, como introducción a esta edición conmemorativa del centenario del nacimiento de Juan Zorrilla de San Martín, la voz del poeta, que revela su recóndito pensamiento sobre la obra que creó y que sigue viviendo con la prístina frescura de los días en que fué conocida por los lectores de 1888.

viernes, 31 de marzo de 2017

Presentan libro de autoras paraguayas en el CCPA

ASUNCIÓN.- La presentación del libro “Ellas Hablan: cuentos sin mordaza”, antología de las escritoras paraguayas asociadas (EPA), estuvo a cargo de la escritora Maribel Barreto, el responsable del Sello Arandura, Cayetano Quattrocchi y de la presidenta de EPA, Mell Ballasch. El acto tuvo lugar el miércoles último en el local del Centro Cultural Paraguayo Americano, sede central, ubicada sobre la Avenida España e/ Estados Unidos y Brasil y contó con el apoyo de la Biblioteca Roosevelt del CCPA.
La obra reúne 19 voces femeninas de la literatura paraguaya, que son: Delfina Acosta, Princesa Aquino Augsten, Estela Asilvera, M.M. Ballaach, Olga Bertinat de Portillo, María Irma Betzel, Patricia Camp, Stella Maris Coscia de Martina, Ella Duarte Aranda, Lourdes Espínola, Cintia de Esray, Norma Flores Allende, Milia Gayoso Manzue, Maybell Lebrion, Dirma Pardo de Carugati, Lita Pérez Cáceres, Irina Rafo,s, Luz Saldívar y Lourdes Talavera.
“Un país donde las mujeres tienen una voz que no siempre fue escuchada. Y desde el principio ha sido objetivo de EPA, no dejar que esa voz muera. Darle resonancia”, afirma Mel Ballasch, presidenta de EPA.
http://www.adndigital.com.py/presentan-libro-de-autoras-paraguayas-en-el-ccpa/

Escritoras lanzan antología de cuentos

Escritoras lanzan antología de cuentos

La nucleación Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA) lanzará la antología de cuentos que lleva el nombre "Ellas hablan. Cuentos sin mordaza". El objetivo es darle voz a mujeres que nunca son escuchadas.
"Un país donde las mujeres tienen una voz que no siempre fue escuchada. Y desde el principio ha sido objetivo de EPA no dejar que esa voz muera. Darle resonancia", afirma Mel Ballasch, la presidente de la agrupación cuya misión es potenciar la literatura escrita por mujeres en el país.
El material, que será presentado por la escritora y crítica Maribel Barreto, reúne los textos de 19 autoras y pretende impulsar el trabajo de las mujeres escritoras del país.
La presentación del libro será el próximo martes 22 de marzo a las 20.00 en el Centro Cultural Paraguayo Americano.
"Ellas hablan. Cuentos sin mordaza" reúne a diversas voces femeninas de la literatura local que actualmente se encuentran produciendo activamente: Delfina Acosta, Princesa Aquino Augsten, Estela Asilvera, M. M. Ballasch, Olga Bertinat de Portillo, María Irma Betzel, Patricia Camp, Stella Maris Coscia de Martino, Ella Duarte Aranda, Lourdes Espínola, Cintia de Estay, Norma Flores Allende, Milia Gayoso Manzur, Maybell Lebrón, Dirma Pardo de Carugati, Lita Pérez Cáceres, Irina Ráfols, Luz Saldívar y Lourdes Talavera.
Asociación
Escritoras Paraguayas Asociadas trabaja desde su fundación (3 de junio de 1997) para que la mujer ocupe el lugar que le corresponde en la historia literaria del Paraguay.
La organización tiene como objetivos principales mejorar la condición profesional de las escritoras, dar información y apoyo para acceder a oportunidades en el ámbito literario local, favorecer encuentros en todo el país y articular esfuerzos con entidades similares nacionales y extranjeras. La nucleación además encara la posibilidad de editar trabajos de las asociadas y dar a conocer las actividades de las mismas a través de los medios de comunicación.
http://m.ultimahora.com/escritoras-lanzan-antologia-cuentos-n1071006.html

viernes, 6 de enero de 2017

Delmira, de Memoria del fuego Eduardo Galeano


En esta pieza de alquiler fue citada por el hombre que había sido su marido; y queriendo tenerla, queriendo quedársela, él la amó y la mató, matándose él después. Publican los diarios uruguayos la foto del cuerpo que yace tumbado junto a la cama, Delmira abatida por dos tiros de revólver, desnuda como sus poemas, las medias caídas, toda desvestida de rojo: -Vamos más lejos en la noche, vamos...Delmira Agustini escribía en trance. Había cantado a las fiebres del amor sin pacatos disimulos, y había sido condenada por quienes castigan en las mujeres lo que en los hombres aplauden, porque la castidad es un deber femenino y el deseo, como la razón, un privilegio masculino. En el Uruguay marchan las leyes por delante de la gente, que todavía separa el alma del cuerpo como si fueran la Bella y la Bestia. De modo que ante el cadáver de Delmira se derraman lágrimas y frases a propósito de tan sensible pérdida de las letras nacionales, pero en el fondo los dolientes suspiran con alivio: la muerta, muerta está, y más vale así. Pero, ¿muerta está? ¿No serán sombra de su voz y ecos de su cuerpo todos los amantes que en las noches del mundo ardan? ¿No le harán un lugarcito en las noches del mundo para que cante su boca desatada y dancen sus pies resplandecientes? "
Foto: Wikipedia

viernes, 2 de diciembre de 2016

La criadita. Cuento de Olga Bertinat de Portillo*

Foto tomada de Internet
LA CRIADITA
    Francisca  llegó  a la escuela con una sonrisa en los labios. Iba al cuarto grado y  tenía doce años. Era muy delgada,  el pelo lacio y fino y  grandes ojos negros. Las ojeras azules resaltaban aún más  su piel blanca y delataban una infancia humilde de  días de hambre; pero sonreía porque cumpliría su sueño de continuar la escuela.
    Como cada año, el primer día de clases era igual: la  algarabía de los niños correteando en los pasillos, el trajinar de la directora por el patio  tratando de poner orden dando  golpecitos sonoros con la campanilla: tilín, tilín y viendo como en un rincón  los más chiquitos lloraban porque no querían separarse de sus madres;  en la cantina los más sosegados comían golosinas y los más grandes  conversaban sobre el tiempo que habían estado separados, cada uno relatando sus anécdotas vacacionales. Existía un ambiente de camaradería y  había motivos para ello: la felicidad del reencuentro.
     Francisca ansiosa, se frotaba las manos, las metía en los bolsillos del guardapolvo y las volvía a quitar. Estaba feliz de volver a la escuela que había comenzado en Sapucai,  donde habían quedado sus padres y hermanitos.
    Cuando los niños estaban en el auge de la bulla, se oyó  un sonido estridente  que  provenía de la dirección y que sobresaltó a más de uno. Era el aviso de la hora de entrada y los niños fueron llamados a formar fila;  reunidos por grados cada grupo con su  maestra.  La directora dio un  mensaje breve de bienvenida, cantaron el himno nacional  y luego  pasaron a las aulas. 
    La maestra de Francisca, la señorita Eladia, era una solterona muy simpática y bondadosa que esperaba la jubilación desde hacía tiempo, pues ya había cumplido los años para  retirarse y se preguntaba: “¿Éste  será el último?... ¡Dios no lo quiera!”.
    Luego de  sentar  a los niños  les preguntó sus nombres y edades y los hizo ponerse de pie para responder. Notó que Francisca era la mayor del grupo y  le cayó en gracia enseguida. Fue así como la maestra supo que Francisca  había venido desde Sapucai a Asunción para cuidar a los hijos más pequeños de su madrina y para ayudarla en  los quehaceres de la casa; a cambio le darían comida, ropa  y podría ir a la escuela.
    Los primeros días habían transcurrido tranquilos y a la niña se la veía bien,  pero luego de dos semanas de clases  la maestra comenzó a notar que Francisca bostezaba y que traía las tareas  sin terminar. Además  estaba más delgada y más ojerosa que antes.
    -¿Por qué no hiciste las tareas?- le preguntó la maestra amablemente.
Francisca miró al piso. Ya no sonreía como el primer día. Dijo que estaba cansada  porque  el niño más pequeño estaba enfermo y ella tenía que hamacarlo  hasta que se durmiera.
    -Llora mucho.
    A partir de ese día la maestra comenzó a observar a Francisca y vio como la niña se volvía cada vez más callada y triste. Las tareas sin terminar delataban que algo andaba mal y entonces decidió llamar a la madrina.
    El lunes a la hora señalada llegó la señora. Su rostro denotaba cierta irritación y con tono prepotente se dirigió a la señorita Eladia diciendo:
    -¿Para qué me hizo venir? ¡Si es por Francisca pierde el tiempo! ¡Es una haragana!
La maestra tratando de ocultar su desagrado por la falta de cordura de la señora, intentó apaciguar el momento y le respondió con palabras sensatas:
    -Estoy  preocupada  por la niña. Ella  no cumple con las tareas  y  además la  noto muy cansada  y pensativa. Me dijo que uno de los niños estuvo enfermo y que lloraba mucho.
La señora dio un salto y refutó:
    -¡Es una mentirosa! ¡Querés hacerle un favor y  así te paga!
La maestra se sorprendió al percibir el resentimiento de la mujer, que hablaba de su ahijada con cierta aversión y rabia. Con aparente  serenidad  la maestra le dijo que tratara de ayudar a la niña, que no dejara que se le acumulen las tareas de la clase  porque le sería muy difícil pasar de grado  si no la ayudaba.
La señora se levantó y se dirigió a la puerta y antes de salir dijo:
    -¡No se meta, esto no es asunto suyo!
    Al día siguiente Francisca no fue a la escuela. La maestra se preocupó,  pero sabía que la niña había estado engripada  y pensó que quizás  por eso no había venido.
    Pasaron varios días y entonces Francisca apareció. Se sentó en un rincón de la clase y sus ojeras ya no eran azules, eran rojizas; se notaba que había estado  llorando. La maestra, mientras los niños copiaban la tarea del pizarrón, trató de sonsacarle algo. La niña miraba al piso en silencio. Y antes de que  volviera a preguntarle cosa alguna, se levantó el guardapolvo y le mostró las marcas rojizas  que tenía en las piernas dejadas por un cable  o por una rama de guayabo.
    -¡Dios mío!-exclamó la maestra.
Francisca dijo pausadamente:
    -Fue por el hijo mayor que es cadete...y la señora no es mi madrina…yo le mentí maestra, porque me gustaba tener una madrina...
La maestra se quedó callada y se le hizo un nudo en la garganta. Después de tantos años de magisterio conocía de memoria este tipo de  historias crueles; la mayoría de las veces con desenlaces dolorosos.
    -Lo único que quiero es terminar la escuela.
Se hizo un silencio largo y en ese momento la directora irrumpió en el aula.
     -Necesito hablar con usted, señorita Eladia-dijo.
La maestra siguió  a la directora  hasta su despacho y ésta  enseguida le contó las novedades:
   -Llegaron los documentos de su jubilación…después de tantos años me imagino que se pondrá feliz de saberlo ya que partir de ahora podrá dejar la escuela definitivamente…su reemplazante ya fue nombrada por el Ministerio.
La maestra quedó paralizada, fue como si le hubiesen derramado un balde de agua fría. Si bien esperaba la noticia desde hacía tiempo, no hubiera querido recibirla.
    -La  hora de dejar a los niños llegó, muy a mi pesar-dijo- y salió del despacho de la directora con un desasosiego que le oprimía el corazón.
Al volver al aula, sin alegría anunció a sus alumnos  que ya no sería la maestra.  Todos aplaudían  y gritaban: -¡Chau maestra, chau maestra! menos Francisca que en el rincón lloraba tristemente.
    Unos días antes de apartarse definitivamente de su cargo, la señorita Eladia le rogó a la directora  que vigilara a Francisca, le dijo que interviniera si fuese necesario pues la niña requería protección.  Luego de realizar los trámites burocráticos pertinentes dejó la escuela para siempre y se marchó a vivir a  su pueblo natal, Caraguatay, donde tenía parientes y  con los ahorros de toda la vida había comprado una casita de material.
La directora le había prometido que tendría en cuenta el encargo y que le comunicaría  a la nueva maestra la situación de Francisca para que estuviera al tanto y que  la apoyase en caso ineludible.
    La señorita Eladia se fue con la tranquilidad de que sus colegas harían lo mejor por la niña, sin embargo con el ajetreo de los días,  las reuniones de padres, las  jornadas de capacitación de profesores y  los niños traviesos, se les olvidó Francisca. Nadie la volvió a recordar.
    Y Francisca deambula por las vías de tren que bordean Sapucai; camina pensativa pisando los rieles  y a veces pega  saltitos en una pierna sobre los durmientes. Dejó la escuela hace unos meses. La señora la trajo de vuelta… A los padres  les dijo: -“Hubo problemas con mi hijo mayor que está en el  Cimefor”; y con cierta frialdad  les entregó un paquete  que contenía doscientos mil guaraníes y unas ropitas usadas de criatura.
     Y el vientre de Francisca crece ínfimamente  pues el hambre azota. El niño que lleva en sus entrañas lo siente y de las tripas  hace brotar su rumor inconfundible.

    Y ella sueña con los cuadernos y  piensa que algún día volverá a la escuela. Sueña también con una madrina buena  y  que come un plato  de  guiso con un pedazo de  pan.   
* Cuento que obtuvo la Tercera Mención en el Concurso de Cuentos Elena Ammatuna 2016  
                                                                                      

jueves, 27 de octubre de 2016

Marosa Di Giorgio

Marosa Di Giorgio nació el 1 de enero de 1932 en Salto (Uruguay) y falleció en Montevideo el 17 de agosto de 2004. Fue una poeta muy conocida por su estilo erótico y atrevido.
Sus primeras publicaciones vieron la luz en los años 50 y muy pronto le hicieron ganar una gran popularidad. Algunas de las más conocidas fueron "Los papeles salvajes", "Diamelas a Clementina Médici" y "Reina Amelia". Casi toda su obra fue traducida a varios idiomas, entre los que se encuentran inglés, francés, italiano y portugués y ha sido galardonada en diversas ocasiones.
Se la considera una poetisa sumamente singular, no sólo por sus obras sino también porque contaba con un especial carisma para compartir lo que escribía; participaba de cuanto recital poético existía y declamaba sus propios versos con una fervorosa pasión. Entre los temas más reincidentes de su poesía se encuentran el miedo, la soledad, la sorpresa y el deseo, los mismos van cambiando de forma y presencia a lo largo de toda su poesía.
En nuestra web podrás leer algunos de sus poemas, tales como "A la hora en que los robles se cierran dulcemente", "Clavel y tenebrario (fragmentos)" y "Estoy sentada en medio de la soledad del bosque".

Lee todo en: Marosa Di Giorgio - Poemas de Marosa Di Giorgio http://www.poemas-del-alma.com/marosa-di-giorgio.htm#ixzz4OJEd7oBb

martes, 18 de octubre de 2016

Pena. Poesía de Olga Bertinat de Portillo

Pena

Una lágrima resbaló
 y rodó silenciosa;
atravesó los surcos
de la marcada tez,
y deslizándose
lentamente
llegó a la mesa.

Y   fueron llegando:
una,
luego otra
y otra...
dibujando en la madera
lagos tibios
transparentes y pequeños,
miniaturas de tristezas,
charquitos salados
 de dolor...

Y la pena quedó allí,
muda,
inmóvil,
vana,
mísera,
convertida en nada...

¡La inmensa pena!

Ganadores "Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto 2016"



Primer Premio:
Adriana Ester Miranda Sánchez
Cuento:
La sopa de lentejas 
Premio:
Gs. 4.000.000 más 60 ejemplares del libro "Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto 2016"
Primera Mención Especial:
Nathalia María Echauri Castagnino
Cuento: 
Georgia 
Observación: Ambos cuentos obtuvieron el mismo puntaje por parte del jurado y existió un empate en la primera posición. Para recibir el premio, es requisito fundamental asistir a la premiación, por lo que es recomendable que los autores residan en el país. En este caso la autora está becada en Italia. La organización respeta las bases y condiciones, pero de todos modos, por la calidad de la obra, la misma será publicada como Primera Mención Especial.
  



Segundo Premio:
María Luz Benítez
Cuento:
Infierno Grande
Premio:
Gs. 2.000.000 más 50 ejemplares del libro "Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto 2016"

Segunda Mención:
Estela Franco
Cuento:
Despojos de nómadas
Premio:
Gs. 1.000.000 más 30 ejemplares del libro "Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto 2016"
Tercera Mención:
Olga Laura Bertinat de Portillo
Cuento:
La criadita
Premio:
Gs. 1.000.000 más 20 ejemplares del libro "Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto 2016"
Cuarta Mención:
Alejandro Javier Marecos Aquino
Cuento:
El Hombre Invencible
Premio:
Gs. 1.000.000 más 10 ejemplares del libro "Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto 2016"
Quinta Mención:
Hugo Centurión Mereles
Cuento:
Flor del Jasuka
Premio:
Gs. 1.000.000 más 10 ejemplares del libro "Premio Elena Ammatuna de Cuento Corto 2016"



Mención sin orden de prelación:
“La Reina del Bife” de Carlos Alberto Vera Abed
“María Obe” de Susana Aspitia Navarro
“Secuestrados” de María Angélica Medina Montalto
“Sin dormir” de José Antonio Galeano
“Serena” de Elías Nicolás Sánchez Alfonzo