viernes, 16 de enero de 2026

Ley de Apicultura 665/77: Una luz al final del túnel. Pongamos de moda a las abejas por Olga Bertinat de Portillo

Las leyes están dictadas para ser cumplidas, de lo contrario son letra muerta y todo lo que en ella se declara es como si no existiera. Con la Ley de Apicultura no es diferente pues se encuentra dormida en los cajones ministeriales. En el Artículo 1° de esta Ley se expresa cuanto sigue: “Declárese a la apicultura como una actividad económica y social, debiendo protegerse a la abeja doméstica como insecto útil y a la flora melífera como riqueza nacional”. La abeja (Apis mellifera L.) es un insecto útil por la función polinizadora que cumple, es decir que cuando las abejas visitan las flores llevan consigo (en sus patas, alas, cabeza, y en todo su cuerpo) las células reproductoras masculinas de las flores (polen) y ayudan a fecundar los óvulos que generarán luego los frutos y las semillas. Además de esa “utilidad” vital de la polinización las abejas producen un alimento exquisito y nutritivo: La miel. La producción de miel es un rubro que puede desarrollarse entre los pequeños productores como una fuente de ingreso, pero para ello es imperiosa la necesidad de cuidar las abejas y a los árboles, en especial aquellos que por sus flores son considerados melíferos. La Ley es clara y nombra a la flora melífera como “riqueza nacional” y esa denominación se enlaza perfectamente con las abejas y con la naturaleza en sí, pues la verdadera riqueza es la biodiversidad que podemos alcanzar si cuidamos a estos insectos y a la flora del lugar. En tiempos complicados como los que estamos viviendo (pandemia, politiquería, invasiones de tierra, delincuencia, etc.), pareciera insignificante cuidar a un insecto o tratar de preservar sus hábitats, sin embargo, la humanidad puede enfrentarse a grandes hambrunas en el futuro, si no empieza a preocuparse por la abeja y por su posible extinción. Hay lugares en China donde ya no existen polinizadores naturales y las personas se suben a los árboles tocando las flores con una especie de cepillo para intentar realizar la polinización. Es triste de ver pero es una realidad cada vez más cercana. Por un lado tenemos la Ley que nos ampara y por otro nos tropezamos con la venta de una familia de productos fitosanitarios muy dañinos para este grupo de insectos. En este contexto de incertidumbre vemos que la Apicultura trata de erguirse a duras penas enfrentando por un lado la burocracia y por otro lado la inconsciencia de la gente que por desconocimiento utiliza en sus chacras productos demasiado nocivos: en dosis y horarios inadecuados. Ese desconocimiento podría disminuir si agregásemos a los currículums escolares de la educación primaria y media, materias que discutan la problemática del medio ambiente con énfasis en las abejas y su rol inigualable para la vida en el planeta; una educación que sea profunda en aquello que realmente importa. Lamentablemente, en entidades nacionales de educación superior, la materia Apicultura fue apartada del currículum obligatorio, dejándola apenas como materia optativa en carreras como ingeniería agronómica: Una total falta de sentido común e irresponsabilidad social de aquellos que tuvieron a su cargo la elaboración del currículum actual. Es imperiosa la necesidad de que las abejas se pongan de moda: Tenemos la Ley, nos faltan las ganas.