domingo, 1 de marzo de 2026

🐝 Las abejas: insectos esenciales para la humanidad y su protección legal

 


Las abejas no son solo productoras de miel y cera: son pilares fundamentales de los ecosistemas terrestres y de la seguridad alimentaria mundial. Su labor como polinizadores hace posible la reproducción de miles de especies de plantas y cultivos que sustentan la alimentación humana, la biodiversidad y la economía global.


🌍 Un papel clave en la producción de alimentos

La polinización es un proceso biológico en el que el polen es transferido de una flor a otra, permitiendo la formación de frutos, semillas y nuevos cultivos. Aunque muchos animales participan en este proceso, las abejas son, según numerosas investigaciones científicas, los polinizadores más eficientes y frecuentes: gracias a su anatomía y comportamiento, transfieren polen entre flores de manera altamente eficaz.

Organismos como la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación) estiman que tres de cada cuatro cultivos que producen alimentos para consumo humano dependen, al menos en parte, de la polinización animal, siendo las abejas protagonistas de ese servicio ecológico esencial.

👉 Sin polinización no hay frutos ni semillas; sin abejas, la seguridad alimentaria mundial estaría en grave riesgo.


🍯 Más allá de la alimentación: servicios ecosistémicos y biodiversidad

Las abejas no solo hacen posible que existan manzanas, tomates, almendras o frutas variadas en nuestra mesa. Su presencia y actividad:

  • Mantienen la biodiversidad de plantas silvestres y cultivadas.

  • Favorecen paisajes saludables y ecosistemas equilibrados.

  • Ayudan a que la agricultura sea sostenible y resiliente frente al cambio climático.

Además, ciertas especies nativas de abejas —como las meliponas en Paraguay y otras regiones subtropicales— cumplen funciones ecológicas y culturales únicas, además de producir miel con propiedades especiales.


📜 Ley N.º 665 de 1977 (Paraguay): protección legal de las abejas

En Paraguay, la Ley N.º 665/77 de Apicultura, promulgada el 9 de diciembre de 1977, reconoce explícitamente la importancia de las abejas para la economía y la sociedad. En su artículo primero, esta ley declara que:

“…declárese a la apicultura como una actividad de importancia económica y social, debiendo protegerse a la abeja como insecto útil y a la flora apícola como riqueza nacional.”

Esta definición legal no solo reconoce a las abejas como seres biológicos valiosos, sino que también establece la protección de su bienestar y de los recursos florales de los cuales dependen.

El Decreto N.º 25045/87, que reglamenta esta ley, incluye disposiciones concretas relacionadas con la polinización de cultivos agrícolas, el manejo de colmenas para apoyar la producción agrícola y la protección de especies melíferas en zonas urbanas y rurales.


🧪 Amenazas y desafíos actuales

A pesar de su importancia biológica y legal, las abejas enfrentan graves amenazas:

  • Uso intensivo de plaguicidas neurotóxicos que afectan su orientación, supervivencia y salud de las colonias.

  • Pérdida de hábitat por la expansión agrícola, monocultivos y urbanización.

  • Cambio climático, enfermedades y parásitos que debilitan colonias enteras.

Estas presiones han motivado a científicos y a organismos internacionales a impulsar investigaciones más profundas sobre cómo preservar y mejorar las poblaciones de abejas para asegurar la producción de alimentos y la salud de los ecosistemas a largo plazo.


🌿 Conclusión: un llamado a la acción

Las abejas no son insectos cualquiera: su labor invisible sostiene gran parte de la vida vegetal de la Tierra y, por ende, nuestra propia supervivencia. Desde la producción de alimentos hasta la preservación de la biodiversidad, su rol es vital.

La Ley N.º 665/77 de Paraguay —y otras normativas similares en el mundo— reconocen este valor y buscan protegerlas como patrimonio natural y económico. Sin embargo, la conservación de las abejas requiere de esfuerzos colectivos: desde prácticas agrícolas sostenibles hasta políticas públicas y educación ciudadana.

👉 Proteger a las abejas es proteger nuestro futuro, nuestros alimentos y la riqueza de la vida en el planeta.

jueves, 12 de febrero de 2026

Artículo 1 de la Ley 665/77: la ley existe, pero el Estado la ignora

El Artículo 1 de la Ley 665/77 de Apicultura es claro: proteger, fomentar y regular la apicultura en Paraguay. En teoría, esto debería garantizar respaldo a los apicultores, acceso a insumos, capacitación y control sanitario. En la práctica, sin embargo, la ley se queda en papel. Décadas después de su promulgación, los apicultores siguen enfrentando la indiferencia del Estado. No hay programas efectivos de apoyo, los controles sanitarios son insuficientes y la asistencia técnica brilla por su ausencia. Mientras tanto, la producción de miel y otros derivados de la abeja sigue siendo fundamental para la economía rural y la seguridad alimentaria del país. Ignorar el Artículo 1 no solo es una falta de respeto hacia quienes viven de la apicultura; es un ataque directo al medio ambiente y a nuestra biodiversidad. Las abejas son polinizadoras esenciales y, sin protección, su declive amenaza los cultivos, los ecosistemas y, en última instancia, la vida de todos. El Estado debe dejar de mirar hacia otro lado. Cumplir el Artículo 1 no es opcional: es una obligación. Proteger a los apicultores y a las abejas es proteger a Paraguay. Cada día de incumplimiento es un día que perdemos riqueza natural, económica y cultural. Imagen tomada de Internet

miércoles, 11 de febrero de 2026

Paraguay y sus Leyes que No Protegen a las Abejas

Paraguay tiene desde 1977 una Ley de Apicultura, la N.º 665. En ella se reconoce a la actividad apícola como de importancia económica y social. Se declara a la abeja insecto útil. Se habla de proteger la flora apícola como riqueza nacional. Todo suena correcto. Responsable. Visionario. Pero en el campo, lejos de los decretos y los discursos, las abejas siguen muriendo. La ley establece obligaciones claras, especialmente respecto al uso de agroquímicos cerca de los colmenares. Debería haber avisos previos. Coordinación. Precaución. Sin embargo, la realidad muestra pulverizaciones sin control, aplicaciones irresponsables y apicultores que amanecen con sus colmenas devastadas. ¿Dónde está el Estado cuando eso ocurre? ¿Dónde están las sanciones? ¿Dónde está la fiscalización? Una ley que no se controla no es una ley: es una formalidad. Y la formalidad no salva colmenas. Mientras el modelo productivo prioriza la rentabilidad inmediata, la protección de los polinizadores parece quedar subordinada. Las abejas no tienen lobby, no tienen grandes campañas publicitarias, no cotizan en bolsa. Pero sin ellas, gran parte de los cultivos simplemente no existirían. Lo paradójico es brutal: dependemos de ellas para sostener el sistema alimentario, pero permitimos prácticas que las exterminan. No se trata de oponerse al desarrollo agrícola. Se trata de exigir responsabilidad. Se trata de recordar que la producción no puede sostenerse destruyendo los propios cimientos de la vida. Cumplir la Ley de Apicultura no es un favor a los apicultores. Es una obligación del Estado. Es una responsabilidad colectiva. Es un acto de coherencia. Porque cuando una ley se ignora sistemáticamente, no solo mueren abejas: muere también la credibilidad institucional. Y un país que no hace cumplir sus propias normas termina convirtiendo la legalidad en un simple adorno. Tal vez el verdadero problema no sea la ausencia de leyes. Tal vez el problema sea la ausencia de decisión para hacerlas cumplir. Y eso ya no es un descuido. Es una elección.

viernes, 16 de enero de 2026

Ley de Apicultura 665/77: Una luz al final del túnel. Pongamos de moda a las abejas por Olga Bertinat de Portillo

Las leyes están dictadas para ser cumplidas, de lo contrario son letra muerta y todo lo que en ella se declara es como si no existiera. Con la Ley de Apicultura no es diferente pues se encuentra dormida en los cajones ministeriales. En el Artículo 1° de esta Ley se expresa cuanto sigue: “Declárese a la apicultura como una actividad económica y social, debiendo protegerse a la abeja doméstica como insecto útil y a la flora melífera como riqueza nacional”. La abeja (Apis mellifera L.) es un insecto útil por la función polinizadora que cumple, es decir que cuando las abejas visitan las flores llevan consigo (en sus patas, alas, cabeza, y en todo su cuerpo) las células reproductoras masculinas de las flores (polen) y ayudan a fecundar los óvulos que generarán luego los frutos y las semillas. Además de esa “utilidad” vital de la polinización las abejas producen un alimento exquisito y nutritivo: La miel. La producción de miel es un rubro que puede desarrollarse entre los pequeños productores como una fuente de ingreso, pero para ello es imperiosa la necesidad de cuidar las abejas y a los árboles, en especial aquellos que por sus flores son considerados melíferos. La Ley es clara y nombra a la flora melífera como “riqueza nacional” y esa denominación se enlaza perfectamente con las abejas y con la naturaleza en sí, pues la verdadera riqueza es la biodiversidad que podemos alcanzar si cuidamos a estos insectos y a la flora del lugar. En tiempos complicados como los que estamos viviendo (pandemia, politiquería, invasiones de tierra, delincuencia, etc.), pareciera insignificante cuidar a un insecto o tratar de preservar sus hábitats, sin embargo, la humanidad puede enfrentarse a grandes hambrunas en el futuro, si no empieza a preocuparse por la abeja y por su posible extinción. Hay lugares en China donde ya no existen polinizadores naturales y las personas se suben a los árboles tocando las flores con una especie de cepillo para intentar realizar la polinización. Es triste de ver pero es una realidad cada vez más cercana. Por un lado tenemos la Ley que nos ampara y por otro nos tropezamos con la venta de una familia de productos fitosanitarios muy dañinos para este grupo de insectos. En este contexto de incertidumbre vemos que la Apicultura trata de erguirse a duras penas enfrentando por un lado la burocracia y por otro lado la inconsciencia de la gente que por desconocimiento utiliza en sus chacras productos demasiado nocivos: en dosis y horarios inadecuados. Ese desconocimiento podría disminuir si agregásemos a los currículums escolares de la educación primaria y media, materias que discutan la problemática del medio ambiente con énfasis en las abejas y su rol inigualable para la vida en el planeta; una educación que sea profunda en aquello que realmente importa. Lamentablemente, en entidades nacionales de educación superior, la materia Apicultura fue apartada del currículum obligatorio, dejándola apenas como materia optativa en carreras como ingeniería agronómica: Una total falta de sentido común e irresponsabilidad social de aquellos que tuvieron a su cargo la elaboración del currículum actual. Es imperiosa la necesidad de que las abejas se pongan de moda: Tenemos la Ley, nos faltan las ganas.