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En las profundidades del océano, donde la luz del sol nunca alcanza, vivía un monstruo conocido como Thalassia. Este ser tenía la apariencia de un gigantesco pulpo con escamas brillantes y ojos que reflejaban el abismo. Thalassia era el guardián de un antiguo tesoro perdido, pero su verdadero poder radicaba en su capacidad para transformarse.
Cada cien años, durante la luna llena, Thalassia emergía de las profundidades y, al tocar la superficie del agua, se transformaba en una mujer de belleza deslumbrante. Con largos cabellos oscuros como la noche y ojos verdes que parecían brillar con una luz propia, nadie podría sospechar su verdadera naturaleza. Sin embargo, esta forma humana escondía una crueldad sin igual.
Como mujer, Thalassia caminaba entre los humanos, atrayendo a los marineros y pescadores con su belleza y encanto. Se hacía pasar por una mujer perdida en la costa, pidiendo ayuda y ofreciendo promesas de riquezas y amor eterno. Los hombres, embelesados por su apariencia y voz melodiosa, la seguían sin dudarlo.
Pero una vez alejados de la seguridad de la civilización, Thalassia mostraba su verdadera naturaleza. Con una sonrisa cruel, los llevaba hacia el agua, donde su forma humana se desvanecía y el monstruo del abismo volvía a emerger. En ese momento, los hombres comprendían su error, pero ya era demasiado tarde. Thalassia los arrastraba al fondo del mar, añadiendo sus cuerpos a su colección de víctimas perdidas.
Durante siglos, las leyendas sobre la mujer del mar se contaban en los pueblos costeros, advirtiendo a los marineros sobre el peligro de seguir a una desconocida en la noche. Pero cada cien años, nuevos incautos caían en la trampa de Thalassia, olvidando las advertencias y sucumbiendo a la tentación.
Un día, un joven pescador llamado Lucas decidió enfrentar la leyenda. Conocía las historias desde niño y había perdido a su propio hermano, quien nunca regresó del mar. Con valentía y astucia, preparó su encuentro con Thalassia. La noche de luna llena, se acercó a la costa, fingiendo ser uno más de los hombres atraídos por su belleza.
Cuando Thalassia lo condujo hacia el agua, Lucas, armado con un antiguo amuleto protector que había encontrado en el cofre de su abuelo, lo sostuvo firmemente. En el momento en que Thalassia intentó transformarse, el amuleto brilló con una luz intensa, debilitándola. La transformación se detuvo a medias, dejando a Thalassia atrapada entre su forma humana y la monstruosa.
Aprovechando su momento de debilidad, Lucas ató a Thalassia con una red bendecida, impidiéndole escapar. La llevó ante los sabios de su pueblo, quienes conjuraron un antiguo ritual para liberar a los espíritus atrapados en el fondo del mar y desterrar a Thalassia de una vez por todas.
Con un grito desgarrador, Thalassia fue arrastrada de vuelta a las profundidades, esta vez sin esperanza de regresar. Los espíritus de los hombres que había tomado fueron liberados, y el mar, por primera vez en siglos, quedó en paz.
Desde entonces, Lucas fue recordado como el héroe que derrotó al monstruo del mar, y las leyendas de Thalassia se convirtieron en cuentos de advertencia, pero con la esperanza de que la crueldad del abismo nunca regresaría a la superficie.