miércoles, 11 de febrero de 2026

Paraguay y sus Leyes que No Protegen a las Abejas

Paraguay tiene desde 1977 una Ley de Apicultura, la N.º 665. En ella se reconoce a la actividad apícola como de importancia económica y social. Se declara a la abeja insecto útil. Se habla de proteger la flora apícola como riqueza nacional. Todo suena correcto. Responsable. Visionario. Pero en el campo, lejos de los decretos y los discursos, las abejas siguen muriendo. La ley establece obligaciones claras, especialmente respecto al uso de agroquímicos cerca de los colmenares. Debería haber avisos previos. Coordinación. Precaución. Sin embargo, la realidad muestra pulverizaciones sin control, aplicaciones irresponsables y apicultores que amanecen con sus colmenas devastadas. ¿Dónde está el Estado cuando eso ocurre? ¿Dónde están las sanciones? ¿Dónde está la fiscalización? Una ley que no se controla no es una ley: es una formalidad. Y la formalidad no salva colmenas. Mientras el modelo productivo prioriza la rentabilidad inmediata, la protección de los polinizadores parece quedar subordinada. Las abejas no tienen lobby, no tienen grandes campañas publicitarias, no cotizan en bolsa. Pero sin ellas, gran parte de los cultivos simplemente no existirían. Lo paradójico es brutal: dependemos de ellas para sostener el sistema alimentario, pero permitimos prácticas que las exterminan. No se trata de oponerse al desarrollo agrícola. Se trata de exigir responsabilidad. Se trata de recordar que la producción no puede sostenerse destruyendo los propios cimientos de la vida. Cumplir la Ley de Apicultura no es un favor a los apicultores. Es una obligación del Estado. Es una responsabilidad colectiva. Es un acto de coherencia. Porque cuando una ley se ignora sistemáticamente, no solo mueren abejas: muere también la credibilidad institucional. Y un país que no hace cumplir sus propias normas termina convirtiendo la legalidad en un simple adorno. Tal vez el verdadero problema no sea la ausencia de leyes. Tal vez el problema sea la ausencia de decisión para hacerlas cumplir. Y eso ya no es un descuido. Es una elección.

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